martes, 27 de junio de 2017

Roto.

Anoche encontré un monstruo bajo mi cama. Vislumbré una figura alta y delgada que parecía estar chillando desesperadamente, pero no logré escuchar sonido alguno. ¡Qué apenada me sentí por aquella figura de nariz chata! Parecía desesperada y perdida. Tuve el impulso de encender la pequeña lámpara para poder ver bien a aquel que taché de monstruo. Cuando aquella pequeña bombilla comenzó a emanar esa luz rojiza fui, por fin, capaz de ver que sólo era un chico asustado, que sollozaba en silencio para (según lo que me dijo) que nadie viese cuan melancólico y nostálgico se sentía. Corrí a abrazarle para brindarle, al menos, 10 minutos de protección. Y fue en ese momento, cuando abrazada a ese chico, me di cuenta de que algunos monstruos sólo se esconden tras feas sombras para que nadie sepa cuan rotos están.

miércoles, 7 de septiembre de 2016

Una de las peores cosas que he hecho,
ha sido sentir que me completabas,
que eras mi media naranja,
sin darme cuenta,
de que yo era la naranja entera.
Y no te necesitaba para respirar,
pero te quería,
precisamente,
porque hacías que me faltara el aire.
Hoy,
he vuelto a pasar
por la avenida
en la que escuche tu voz por primera vez,
ya sabes,
esa en la que siempre decíamos
que intentaríamos vivir algún día,
porque el sencillo hecho,
de que fue donde nos conocimos,
la hacía perfecta.
Te recordé empapada por la lluvia,
porque se te había olvidado el paraguas;
siempre se te olvidaba.
Recordé también,
lo mucho que te gustaba girar
y girar
cuando te ponías una falda.
Y reías diciendo
que eras una princesa de cuento,
y yo me acercaba
y te susurraba al oído,
que mi vida era como un cuento
desde que tú eras mi princesa.
Para mi desgracia,
no pude evitar revivir el día
en el que tu falda
tus tacones rojos,
(los cuales sabías que eran mis preferidos)
y tú,
os alejasteis de mi
quedando empapados
por una aguacero,
de esos,

en los que siempre nos gustó bailar.

martes, 31 de mayo de 2016

Jota.

Gracias, por enseñarme
que los ojos castaños
también pueden ser bonitos.

Gracias, por hacerme ver
que los colores existen
y que son todos hermosos.

Gracias, por explicarme,
y enseñarme, lo bonito
que puede ser, un día
en el que la niebla,
no deja ver nada
más allá de mis pies.

Gracias, porque,
gracias a ti
aprendí a amar
la belleza de lo triste,
y la tristeza
de lo llamado bello.